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La tragedia de los Andes contada por uno de los dieciséis sobrevivientes, cuarenta años después.
 
Cuando, el 22 de diciembre de 1972, el mundo descubrió que dieciséis de los cuarenta y cinco pasajeros del avión que se había estrellado en los Andes permanecían con vida, nadie salía de su asombro. Si bien los familiares y amigos de los sobrevivientes estaban felices, ninguno creyó que alguno fuera capaz de superar ese trauma. Sin embargo, a más de cuarenta años de la tragedia, el tiempo demostró que todos pudieron seguir adelante, formar una familia e incluso destacarse en el ámbito profesional. En un relato apasionante y esperanzador, Pedro Algorta rompe el silencio, cuenta de primera mano una de las más increíbles historias de supervivencia humana y alienta a todos los hombres a poner sus propias montañas en perspectiva y superar cualquier obstáculo que pueda cruzarse en su camino.

"Una total y casi perturbadora sinceridad es la que expresa mi querido Pedro en su libro. Son raras las veces en que una persona expone tanto de su ser en palabras tan sinceras y cargadas de emociones. Con Pedro compartí en la montaña todos los sentimientos que un ser humano puede tener, desde la pena, el dolor, la ansiedad y el miedo hasta el amor y la felicidad de volver a nacer. Sin duda, éste es un libro que hace reflexionar."

NANDO PARRADO

En los Andes

En Octubre de 1972, un grupo de deportistas Uruguayos de rugby viajaron a jugar un partido amistoso a Santiago de Chile. El avión con 45 personas abordo se accidentó en la Cordillera de los Andes.

Los restos del avión no fueron inmediatamente encontrados y la búsqueda fue suspendida hasta que mejorara el tiempo sobre la montaña. En Diciembre de ese año, 71 días después del accidente, dos de los deportistas aparecieron en las faldas de la cordillera del lado chileno. Habían caminado durante 10 días por la montaña y llevaban el mensaje de que 14 de sus compañeros habían sobrevivido durante todo ese tiempo y esperaban el rescate.

La lucha por la supervivencia fue intensa. Los sobrevivientes debieron recurrir a los instintos más básicos del ser humano para mantenerse con vida, luego de sufrir el accidente aéreo a más de 4.000 metros de altura, con heridas varias, debieron soportar un alud que los sepultó y alimentarse de los cuerpos de sus compañeros muertos. Sin proponérselo, experimentaron situaciones increíbles, donde se puso a prueba la capacidad de superar la adversidad, de trabajar en equipo, de tomar decisiones en situaciones de total incertidumbre.

36 años después, los 16 sobrevivientes se encuentran bien, han vivido vidas normales, rodeados de sus hijos y primeros nietos, agradecidos a la vida y a Dios por las oportunidades que han tenido.